En la Irlanda céltica, lugar mágico y enigmático como pocos, cuando la sociedad se agrupaba en clanes de creencias politeístas, la figura del druida constituía el eje central del día a día de aquellas gentes. Un personaje sobre el que hay más sombras que luces y del que sólo tenemos constancia escrita a través de los testimonios indirectos de autores clásicos.
Bastante tiempo antes de que el cristianismo fuera introducido en la isla, los druidas (del gaélico drúa) aunaban en sí mismos toda una serie de distintos conocimientos y saberes que ellos y sólo ellos podían conocer. Las funciones que desempeñaban en la sociedad eran igualmente amplias; desde la dirección de rituales religiosos a la predicción de acontecimientos futuros, pasando por las labores de medicina natural, transmisión oral de las tradiciones célticas y un largo etcétera sobre el cual no se ponen de acuerdo ni los propios historiadores.
La naturaleza jugaba un papel primordial en la vida de los celtas y particularmente en la de los druidas, que a través de su contemplación y estudio, la utilizaban como fuente de conocimientos e inspiración para el desempeño de sus actividades.
Sea como fuere, el aura de misterio que rodea a la figura del druida ha dado pie a una abundante literatura, tanto antigua como actual. Basta recordar al carismático Panoramix que, aunque era de procedencia gala, representa bastante bien el papel de los druidas en aquella sociedad que hoy en día sigue fascinando a tanta gente.

Abril 16, 2008
Érase una vez unas diminutas criaturas que habitaban desde tiempos inmemoriales en un lejano país de color esmeralda. Eran conocidas como leprechauns y se dice que custodiaban recelosamente fantásticos tesoros ocultos en los sitios más insospechados. Cuenta la leyenda que si alguien es capaz de capturar alguno de estos duendecillos puede conseguir valiosa información acerca de dónde se esconden sus riquezas. Sin embargo, la cosa no podía ser tan fácil ya que los leprechauns cuentan con una astucia inimaginable y siempre, o casi siempre, suelen planear algúna sutil artimaña para confundir a su captor desapareciendo al momento en un abrir y cerrar de ojos.
Muchos son los cuentos acerca de estos curiosos personajes que la tradición oral ha ido transmitiendo de generación en generación por toda Irlanda.
Si os parece, sentémonos todos alrededor del fuego para escuchar una de esas fabulosas historias que se cuentan sobre nuestros protagonistas de hoy:
“Una fría tarde de invierno Tom fue al establo para atender a su vieja yegua cuando de repente escuchó en la lejanía el golpear de un martillo y la hermosa melodía de un silbido que nunca antes había escuchado en toda su vida. Sigilosamente Tom se fue acercando al lugar de donde procedían aquellos sonidos y pudo al fin ver a un pequeño leprechaun sentado con las piernas cruzadas que estaba haciendo un zapato. El leprechaun estaba tan ocupado en su trabajo y silbando tan fuerte que no pudo percibir la presencia de Tom. Entonces, Tom se abalanzó rápidamente y lo atrapó.
- ¡Déjeme irme! ¡déjeme irme! gritó el leprechaun. ¿Qué le he hecho yo para que me agarre tan bruscamente?
- Todavía nada respondió Tom. Si me dices dónde se encuentra tu oro te dejaré marchar.
- Maldita sea, estoy perdiendo facultades murmuró entre dientes el leprechaun y dijo con decisión: ésta es la tercera vez en esta semana que me capturan y siempre me piden lo mismo, mi oro, mi oro…; ha de saber que ya no poseo mi tesoro ya que he sido capturado tantas veces por gente como usted que ya no me queda nada.
- ¿Y que hay de los tres deseos? preguntó Tom.
- ¿También sabe usted lo de los tres deseos entonces? preguntó el leprechaun con una premeditada expresión de sorpresa.
- Efectivamente, yo lo sé todo sobre los leprechauns, ¿por qué crees que sólo parpadeo con cada ojo alternativamente? pues porque sé que en un abrir y cerrar de ojos puedes desaparecer de entre mis manos sin que yo me dé cuenta.
- Está bien, dijo el leprechaun finalmente. Le concederé tres deseos pero le sugiero que piense cuidadosamente lo que desea antes de formularlos pues no es tan simple como parece. Puede desear cualquier cosa, no importa lo que sea.
Así fue que Tom miró pensativamente hacia el cielo donde las estrellas habían comenzado ya a brillar. Por supuesto, cuando volvió la vista a sus manos se dio cuenta de que el leprechaun había aprovechado el momento en que no era vigilado para escapar. En su lugar dejó el pequeño zapato que había estado haciendo minutos antes. Tom guardó aquel pequeño zapato durante toda su vida”.
Ya veis, si algún día os encontráis con un leprechaun en vuestro camino tened mucho cuidado ya que seguramente os intente engañar.
Marzo 30, 2008