Condado de Antrim (Irlanda del Norte). Nos encontramos a 3 kilómetros al norte de Bushmills. El día es lluvioso y hace frío pero estamos dispuestos a soportarlo.
Frente a nosotros se levanta orgulloso entre las furiosas olas atlánticas uno de los rincones naturales, sin duda, más bellos y espectaculares de toda Irlanda. Un lugar mágico, sorprendente y enigmático. Su nombre: The Giant’s Causeway, o lo que es lo mismo, La Calzada del Gigante.
60 millones de años antes de escribir estas líneas (año arriba, año abajo), toneladas de basalto emergieron desde las profundidades de la tierra formando unas 40.000 columnas de curiosas formas geométricas, conformando un espectacular mosaico de piedra que no deja indiferente a todo aquel que lo contempla.
Desde siempre, el hombre ha inventado infinidad de cuentos para tratar de explicar el origen de aquellas cosas que su mente no llegaba a comprender, llegando dichos cuentos a convertirse en leyendas con el inexorable paso de los años. Siendo Irlanda una de las tierras que ha dado origen a mayor número de tradiciones y leyendas, la Calzada del Gigante no podía ser una excepción.
Unos cuentan que un gigante llamado Finn McCool la construyó con un romántico propósito: conocer a una mujer de su tamaño que habitaba en Escocia. Otros sin embargo argumentan que el gigante irlandés la construyó para retar a un enemigo suyo escocés llamado Benandonner, quien la destruyó después para evitar ser perseguido tras un astuto ardid planeado por Finn.
La Calzada del Gigante, descubierta en 1693, se ganó a pulso el título de Patrimonio de la Humanidad en 1986, así como el de Reserva Natural Nacional un año más tarde.

Abril 8, 2008
Bienvenidos a la primera edición de la serie de artículos llamados “Rincones de Irlanda” donde trataremos de hacer un recorrido por aquellos sitios más o menos emblemáticos con los que podemos encontrarnos en la Isla Esmeralda.
Y qué mejor manera de empezar este viaje que detenernos en Temple Bar, probablemente el barrio con más vida (sobre todo nocturna) de Baile Átha Cliath, es decir, de Dublín.
Hay varias “leyendas” sobre los supuestos orígenes del nombre de este barrio: unos dicen que su nombre proviene del homónimo pub, otros por el contrario que proviene de la prohibición de acceso a los judíos al lugar. La versión oficialmente aceptada dice que el barrio recibe su nombre de la influyente familia Temple que al parecer vivió en la zona durante el siglo XVII.
Durante el día, en Temple Bar podremos disfrutar de sus galerías de arte, tiendas de ropa y artesanía… pero cuando el Sol se oculta y la Luna hace acto de presencia en el cielo dublinés, son los típicos pubs irlandeses que allí se encuentran los que atraen tanto a los propios dublineses con ganas de divertirse como a los turistas ávidos de conocer la vida nocturna de la ciudad.
Respecto de su oferta cultural, debemos destacar el Meeting House Square, en el que podremos visitar las exposiciones de fotografía que ofrece la Gallery of Photography. También nos encontraremos el Temple Bar Music Centre, un lugar en el que se ofrecen exposiciones y actuaciones en directo.
Si también nos interesa la vida nocturna que nos puede ofrecer este animado barrio, no podemos dejar de lado el pub del mismo nombre, probablemente el pub más famoso no solo de esta zona, sino, seguramente, de todo Dublín. Aún así, no se trata del único local que valga la pena visitar, ni mucho menos. Temple Bar encierra más rincones y locales con encanto que deberemos descubrir por nosotros mismos, formando parte siempre de ese gran juego que es descubrir nuevos lugares que recordar con cariño cuando echemos la vista atrás.

Marzo 31, 2008